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lunes, 30 de enero de 2017

LA GUERRA. POESÍA

Parece que los astros se conjuran de vez en cuando y confluyen de manera mágica. 
     
Anoche, pocas horas después de publicar en el blog el poema de López-Gomis, recibí este mensaje de Eduardo, poeta desde siempre, abrumado por la mediocridad de gobernantes manipulados como marionetas por intereses solo económicos, deshumanizados; indignado por la falta de reacción de la gente hipnotizada por redes sociales, inmersa en el consumismo; dolido por el sufrimiento de tantos:

"Tengo un poema escrito hace tiempo que habla algo de los temas que tratáis en vuestro foto. Os lo dedico a todos los que eleváis la voz en son de protesta más que los demás, unos pocos que movéis conciencias a muchos. Es, la vuestra, una labor admirable. Un abrazo y mi admiración. Utiliza el poema para lo que quieras, si te parece, si no, da igual, es mi canto desesperanzado."

    Pues unimos tus palabras, Eduardo, a nuestra voz, para que llegue más lejos. Gracias. 

  LA GUERRA
Eduardo Trinchant

  Detrás de tanta destrucción
              de tanta muerte...

  ¿ Qué se esconde ?

  ¿ Es el noble ideal
              de cambiar el mundo
              para mejorarlo
              esgrimido por los políticos, los papas,
              los banqueros, los vendedores de armas
              y tantos

  otros que se enriquecen
              con el negocio abominable
              de la guerra ?

  ¿ Es la necesidad
              de ser útil a los demás,
              erigiéndose unos,
              en estandartes
              de la libertad,
              otros en defensores
              de ideologías ?

              Desde la soberbia americana,
              que solapadamente
              lo que defiende
              es su economía,
              a la locura del dictador
              o el patriota exaltado.

  TODOS PERMITIMOS
              el bárbaro acoso
              a las razas pobres,
              a los escarnecidos
              a los pueblos deprimidos,
              a los esclavizados pueblos africanos,
              a tantos otros que por el hecho de nacer
              les ha tocado padecer la miseria,
              la agresión y la muerte violenta.

  Siempre está presente
              el omnipotente dinero,
              que juega con la carne
              y el sudor del que no posee nada;
              de los que son utilizados como carnaza
              para los poderosos,
              exponiendo su vida,
              que le es arrebatada
              junto con la vida de sus  hijos,
              en ese abuso terrible
              de la violencia atroz,
              que se cree justificada,
              que nos la  j u s t i f i c a n,
              que en el hábito de la repetición
                J U S T I F I C A M O S.

  ¿ A quienes pertenecen las guerras ?
              ¿ Son de todos
              o sólo de los que contienden ?

  YO formo parte de estas guerras,
              porque desde mi rutina,
              cumplo con la egoísta función
              de vivir un día más...
              C Ó M O D A M E N T E,
              alejado, pasivo,
              agradeciendo a lo sumo
              que no me afecte.

  ¿ Puedo hacer algo ?
              Creo que no...
              pero es una falsa creencia
              amparada en la superficialidad,
  porque:
              Pude haber llorado y no lo hice.
              Pude haber estado en vela
              y no lo hice.
              Y me avergüenzo de mi país,
              y de mí mismo...
              pero esa vergüenza no vale
              nada frente al terror de los que sufren
              la guerra en su propia  
              C A R N E,
              frente a la sangre inocente
              D E R R A M A D A,
              frente a los
              O J O S  asombrados
              de tantos niños masacrados.

  Las guerras no se darían
              si fuésemos capaces de renunciar
              a la riqueza y al vacío mundo
              de la posesión desordenada.

  Las guerras no existirían,
              si cada uno de nosotros,
              si casi todos
              no se lo permitiéramos
              a unos pocos,
              si no fuéramos cómplices silenciosos
              en el bienestar y en el consumo,
              en esa filosofía de vida del
              primero yo.
              Después... ya no habrá


              N A D A  NI  N A D I E.

domingo, 29 de enero de 2017

SER ORILLA. POESÍA.

SER ORILLA
Javi López-Gomis. Enero 2017
"El estío fue casi como tu casa,
en ella tú sabes mantener todo -
ahora has de ir fuera en tu corazón
al igual que se va por la llanura."
Rainer Maria Rilke

I
Las paredes de la casa ya se desplomaron.
Algo se edifica ahora en el hueco
de una herida que permanece aún
sangrando      temblando la injusticia
de los muros levantando más fisura y más frontera
—tanto aullido—

no hay silencio
/yo sé bien que no hay silencio:
las piedras acumulan gritos
en un suelo que cosecha espantos
y la tierra baila con música de grieta

/el hogar se cae:
la calma tan desvanecida,    entre los ojos
de los niños     el terror más solo
/no hay cobijo ante un cielo frío que golpea, que retumba miedo.

No hay silencio
/sé bien que tú conoces
la sinfonía de la sangre a destiempo
tan palpable     el grito —la grieta y tu por qué—

¿Qué hacer entonces bajo tanta sombra
     bajo el canto repetido
de un fantasma belicista?
Buscarle luz al mundo cuando el mundo te ha gruñido
noche hueca y alarido y desencuentro/
buscar lo quieto de un temblor que te cobije
como chimeneas encendidas.

Salir de la canción de los escombros
con los pies buscando algún silencio
/algo que mitigue el golpetazo de lo indigno
—el hambre tan bien inventada.
Salir a edificar un nido,
caminar por el inestable hilo de la pérdida.
No saber a dónde y no acallar las voces:
el eco de los desaparecidos penetrando cada pulso
/no hay silencio.


II
En mis manos sangra la vergüenza de esta Europa.
Me tiemblan en las manos los gatillos
de quienes eligen negociar el sufrimiento.
Se me disparan en la boca quieta
los sollozos porque no comprendo y no hay silencio:
estoy mascullando todo lo que hay en mí
que eres tú* y no es grieta ni frontera
ni sombra artificial.
Mis pies van al encuentro de tus pasos
para construir, rama a rama y segundo por segundo, una cama
de futuros
/hogar donde posar lo quieto de una calma.

Sólo puedo abrir las palmas de las manos, heridas
tras edificar     un nido de ternura
o una morada entera de silencios cálidos.
Extender los brazos y acallarme para tus ojos
con mis ojos llenos de lumbre y acogida.
Sólo puedo abrir los oídos
como quien escucha tu horizonte
/por entero     ser toda la extensión de algún silencio más clemente

ser orilla
para todos tus naufragios.

*de Alejandra Pizarnik

      Apareció, como había anunciado, el poeta en nuestro Grupo, en la tercera semana de enero, justo cuando andábamos preparando la charla de mañana, 30 de enero, Día Escolar de la Paz y la No Violencia. 

      Escuchó en silencio los cruces de palabras de unos y otros, nos consideró un equipo unido y surgió la idea: escribiría un poema que sería un obsequio para los diez jóvenes becados en el Programa "Integra" de la Universidad Camilo José Cela que nos visitarán mañana. 

      Y volcó en palabras su humanidad, su dolor, su rabia y su ternura. Aquí está su regalo. 
      
      Gracias, poeta.