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jueves, 1 de marzo de 2018

Siria, una reflexión desde el exilio

   
      Un joven sirio, técnico anestesista, tras su tiempo de servicio militar, de ver verdaderas barbaridades en el quirófano, de oír noticias falsas, apoyadas en declaraciones forzadas de presos obtenidas mediante tortura o a cambio de libertad, regresa a casa. La madre lo recibe: "¡Gracias a Dios por tu vuelta y salud!"
      Tiempo después, una noche asiste a un caso de urgencia en el precario hospital de campaña oculto en un sótano. Se trata de un joven de su edad, herido de un balazo en un ojo y otro en la tripa. No consiguen salvarlo. Este chico es un familiar con su mismo nombre y apellidos, que han confundido con él. La madre, angustiada: "Tienes que salir de aquí".
      Provisto solo de su pasaporte, de su título universitario y de unas prendas de ropa ensangrentadas durante la decena de operaciones diarias que venían realizando, cambia de casa una y otra vez y habiendo cruzado montañas durante días y días, por fin alcanzó la frontera de Líbano, desde donde, ayudado desde España por una prima suya, logró reunirse con ella. Su prima recuerda que él lloraba por la noche, gritaba, no recordaba nada y se sentía perdido y sin sentido lejos de su familia. Lo aterrorizaba en la calle cualquier uniforme, aunque fueran de personal de limpieza o de cualquier otro trabajo. Ella le aconsejó que se expresara, que verbalizara: "Os tengo miedo", y vería lo simpática que es la gente. Así lo hizo y su vida fue normalizándose. Se propuso aprender castellano, y en cuanto pudo, se compró un método, que estudió a fondo. Consiguió una beca y se matriculó en Medicina, pero ahí topó con la dura burocracia que no le convalidó su título, y que le obligó a dar marcha atrás, a examinarse de Selectividad en castellano, que aprobó, y a reiniciar la carrera desde cero.
      Denuncia la inhumanidad del sistema, pero agradece de corazón la sensibilidad de las personas que lo han socorrido en España, animado, ofrecido su hospitalidad, especialmente la de un profesor que, desinteresadamente, le ha dado "techo, comida y calor" en el seno de su propia familia.
      Recuerda con dolor que en 2013 se dejaron las fronteras abiertas, y llegaron a Siria muchos extranjeros para hacer el yihad. Las fuerzas yihadistas, ISIS, proliferó. No llegaban medicamentos, pero sí armas o dinero para comprarlas. Nos recuerda que Turquía hace negocio vendiendo chalecos, permitiendo salir, alentando la esperanza de que en Europa se necesita mano de obra, porque la demografía es baja. El destino soñado es en el norte: se sabe que en España ya hay muchos latinos y africanos.

      Un  palestino refugiado en un campo sirio, tras sufrir los ataques duros, brutales, del régimen, que causaron la muerte a muchos amigos, consiguió llegar a Turquía, donde pasó un tiempo ganándose la vida como profesor de inglés. Desde allí, consiguió llegar a España, pero, agotados los seis meses de acogida, se vio viviendo en la calle, sin ayuda oficial alguna. Reconoce que ni el sistema ni el gobierno son buenos, pero sí la sociedad española, que le da muestras de solidaridad.
      En la distancia sufre porque él está bien, pero quienes quedaron en Siria no lo están: viven en campos de desplazados, hay más de trescientos mil detenidos desaparecidos; sufren bombardeos, tortura en las cárceles... muerte. Es un verdadero genocidio a los ojos del mundo, que no quiere verlo, que se niega a actuar. Insiste: "Nos sentimos muy solos, abandonados por el mundo".

      "Algunos de mis familiares siguen allí y yo no quiero poner en riesgo sus vidas", afirma otro joven sirio, tímido, que lleva cuatro años en España y recuerda cómo sufrió bullying en su adolescencia; cómo fue testigo de las manifestaciones populares de 2011 y del estallido de la guerra; cómo vivió la falta de seguridad, de electricidad, de internet. Sus padres murieron y él vivía aislado en compañía de su gato. No pensaba en el futuro, sentía que enloquecía. Fue muy difícil separarse de su gato, pero tenía que salir de allí cuando le llegó la carta de invitación de un tío suyo y pudo conseguir el visado para trabajar en España dos años. En Líbano, en Egipto, desconfiaban de la validez del documento, y el miedo le duró hasta que, al llegar, el funcionario español le dijo: "Bienvenido a España".
      No se lo creía cuando pasaban los días y no caían bombas, y fue consciente de que no había riesgo de daño, de secuestro. Oía los pájaros, el viento, veía el jardín. Aquí aprendió a amar la vida, la tolerancia, a ser amable, a apreciar que podía hacer lo que quisiera sin importar la raza ni el origen, sino la manera de tratar a la gente. Se sintió por primera vez en su vida aceptado por cómo es, por lo que aporta.

IMAGEN: https://colectivoutopialapalabra.blogspot.com.es/2018/02/estado-espanol-charla-siria-una.html
      Son tres voces de sirios que viven exiliados en nuestro país. Su testimonio nos llegó muy hondo el sábado, 17 de febrero, en la Biblioteca Eugenio Trías, la antigua Casa de Fieras del Retiro de Madrid. Era un acto convocado por la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio, como preámbulo de la  carrera por Siria del día siguiente. La charla-debate se titulaba "Siria, una reflexión desde el exilio".

     Habló también Naomí Ramírez, doctora en Estudios árabes islámicos, que lleva tiempo acercándonos el drama de Siria con lo que ella sabe hacer: traducir. Desde julio de 2011, cuelga traducciones de textos, vídeos e imágenes de la revolución siria, en su blog "Traducciones de la revolución siria".
      Leyó fragmentos de una obra que ha traducido, "El caparazón" de Mustafá Khalifa, que nos pusieron los pelos de punta por la crueldad del trato que el propio Khalifa sufrió en la cárcel de Tadmur.

      Coordinaba la charla-debate Álvaro Zamarreño, periodista de la SER, sensibilizado con todo lo que ocurre en Siria desde hace siete años, avergonzado de que nos encontremos nuevamente en una mesa redonda sobre esa guerra.
      Zamarreño denuncia que el régimen sirio está separado de la gente, con una actuación criminal, porque teme el cambio, teme la pérdida de poder que habría supuesto acceder a las reivindicaciones de democracia de la primavera árabe. Denuncia que resulte tan fácil matar a cientos de miles de personas. Poco a poco. Al parecer, la cadencia de muertos de unos ciento cincuenta al día, es una cifra que el mundo puede aceptar sin escandalizarse, sin reaccionar.
      Sin embargo, Ramírez recuerda a su vez que en 2013, llegaron a matar a más de mil trescientas personas con bombas químicas, ante lo que sí hubo una postura de condena, lo que ocasionó que ese mismo año la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) fuera galardonada con el Premio Nobel de la Paz, máximo reconocimiento a su importante labor en ayudar a la destrucción de estas armas en la guerra civil siria. Labor que fue vana, porque se sabe que siguen utilizando este tipo de armas. El mundo no quiere armas químicas, pero sí las madres: sobrecoge que prefieran que sus hijos mueran por este medio, que al menos deja los cadáveres enteros.

      Un asistente pregunta: "¿Cómo os sentís los sirios?" 
      Los tres sirios que habían intervenido expresan lo mismo: se sienten perdidos, desesperados respecto a la guerra, sin saber a qué atenerse, con la incertidumbre de qué va a pasar. Cada uno en algún momento de su intervención dice que en España se sienten escuchados, que la gente es generosa actuando, contribuyendo, pero el gobierno no.
      Y claman:
      ¿Qué pasa con las voces que pedían justicia para Siria en 2011?
      ¿Por qué no se escucha a los periodistas? ¿Por qué muchos medios de comunicación no informan de lo que sucede? Ya no se habla de refugiados. Están en Afganistán, Turkía, Pakistán, Líbano... en las puertas insolidarias de Europa. Solo se habla de ISIS, no de la gente que quiere democracia, libertad. No del régimen que lo impide y reprime, con el ejército, con los aviones, con el apoyo ruso que bombardea civiles, y con los intereses de Estados Unidos.
      ¿Por qué no dicen nada los sindicatos, las organizaciones de izquierda, ante una brutal represión que se inició por la represión a quienes en manifestación con ramas de olivo pedían libertad, justicia, democracia? Con su inacción, están apoyando el genocidio de Al-Assad.
      A los tres los atormenta que no haya ninguna declaración cuando se dan ataques con cloro, como si no pasara nada. Parece una confabulación. Bashar Al-Assad ha amenazado con mandar terroristas a la profundidad de Europa.
      Parece que Bashar Al-Assad ha ganado.
 
Visita de Basser Al-Assad a España en 2010
      ¿Está en nuestras manos cambiar?
      AAPS (la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio) está haciendo lo que puede, por ejemplo con las tres ediciones de Corre por Siria en Madrid y las dos en Santander, que dan visibilidad al conflicto y sirven para recaudar dinero con el que se envían a los campos de desplazados en Siria contenedores de ayuda humanitaria que organizaciones de todo tipo recogen en múltiples puntos de España. Ya van noventa camiones cargados de humanidad. En unos meses en que la ONU ha denunciado que ninguna ONG está consiguiendo llevar ayuda humanitaria, la AAPS sí llega.
      También apoyan a ciento veintitrés familias que necesitan ayuda. Cristina, de la Asociación, nos anima: "Podemos ayudaros a que os suméis. Todos tenemos cabida para hacer algo, aunque consideremos que no somos nadie, que no somos nada."
 


      Nos informan de que también se puede apoyar el movimiento Families for freedom. Es una ONG iniciada por mujeres que reclaman conocer el paradero de sus familiares desaparecidos.

      Asma, de quince años, está decidida a a correr con su hermano, empujando su silla de ruedas. A quienes le dicen que es mucho esfuerzo para una chica tan joven, les responde: "Si salí de Siria empujando esa silla, con mi hermano y todos nuestros enseres, ¿cómo no voy a poder recorrer estos cinco kilómetros? "
       Se levanta frente a nosotros. Tímida, digna con su pañuelo y un papel en la mano, canta una preciosa canción siria, en su lengua, con voz débil, temblorosa. Una mujer la corea para animarla y entonces se unen todas las voces sirias que hay en la sala: no entendemos la letra, pero nos emocionan, porque transmiten ternura, nostalgia, el doloroso recuerdo de su patria lejana, bombardeada, olvidada del mundo.

   
      Esto fue el 17 de febrero. A 1 de marzo el drama ha aumentado día a día: Guta Oriental destruída, muchos muertos más, denuncia de violaciones, treguas rotas, un frío siberiano en tiendas de campaña de campamentos de desplazados, de refugiados...



lunes, 5 de febrero de 2018

Cuarenta y seis mantas de lana tejidas a mano. Las IAIAS

            Hoy lunes en nuestro Instituto empieza la III Recogida solidaria para personas desplazadas en Siria, y por eso el viernes quedó preparado el vestíbulo, con cajas abiertas que irán 'llenándose de esperanza', como dice nuestro cartel.
      Las aulas se habían ido vaciando a las dos y cuarto, como cada viernes, pero no todo el mundo se marchó directamente a casa, sino que, una vez más, como cada viernes, unas cuarenta personas entre alumnado y profesorado, nos encaminamos a la cafetería y, tras debatir distintos asuntos mientras comíamos, nos pusimos manos a la obra: a armar cajas y reforzarlas con cinta de embalar, a poner una mesa cubierta con el hule de Amnistía y, sobre ella, una muestra de los productos que recogeremos; a diseñar carteles, a imprimir etiquetas, a buscar atriles...
      ... Y a guardar las ¡cuarenta y seis mantas! que nos ha donado la Asociación IAIA (Asociación de labores solidarias de la IAIA). Preciosas mantas de múltiples colores, de distintos tamaños, de puntos diversos tejidos en cuadraditos de lana. 
     Tenemos que contarlo bien: el miércoles por la noche nos escribió Carolina, una de las personas de Aldeas Infantiles SOS que habían colaborado en nuestro Festival de noviembre, anunciándonos que las IAIAS tenían mantas de lana tejidas a mano para mandar a Siria con la campaña solidaria de nuestro Grupo. Es inenarrable la emoción provocada por semejante ofrecimiento, y esa emoción creció cuando, por medio de su web, conocimos el proyecto imaginativo y humano que desarrollan las IAIAS. 
      ¡Qué buen nombre para esta Asociación! Contrariamente a lo que primero habíamos pensado, ese nombre de IAIAS no son siglas, sino la forma cariñosa de llamar a las abuelas en catalán. ¡Claro! ¡Yayas! Porque quienes tejen esos cuadraditos son mujeres de Centros de la Tercera Edad.  

      Cuanto más conocemos el proyecto, más crece nuestra admiración. Las personas de la asociación recogen ovillos, madejas de lana que dona la gente de forma altruista, y ellas llevan esa lana a residencias. Allí, las residentes elaboran sus creaciones mientras pasan el tiempo concentradas en su labor, con la mente activa, en compañía de otras. Una tricota, mientras la de al lado hace ganchillo, y comentan sobre el punto tal o cual, pero también recuerdan aquella colcha que costó noches enteras terminar, o los visillos diferentes de las ventanas de toda la casa, los paños de un punto que le enseñó su vecina, las decenas de baberos de perlé para regalar a bebés a lo largo de los años o los gorritos a juego con patucos y jerseicitos de recién nacidos, la toquilla que hizo su cuñada, el puesto del mercadillo de los lunes donde encargaba la lana, los callos de los dedos, la artrosis que fue dejando doloridas y agarrotadas como sarmientos sus manos ...
      Tejen mientras cuentan historias que son repaso de su vida y poco a poco su cuadradito de lana va tomando forma, de un color que combinará con el que está haciendo la de enfrente. Así pasan los ratos. 



      Y cuando están terminados, pasan las de las IAIAS a recogerlos todos y los unen formando esas preciosas mantas que nos esperaban en su modesto local de Villalba y que nos entregó Sagrario, una voluntaria encantadora que nos habló de mujeres mayores que tejen a pesar de que les falla la vista, a la vez que  cosía diligentemente etiquetas a unos ositos de lana que van a ir a otro destino solidario.
      Con Sagrario y su hija cargamos las mantas en nuestro coche, llenando hasta los topes el maletero y todo el asiento de atrás. 




      Son esas mantas que el viernes pasado hemos palpado con admiración en la reunión del Grupo, y luego hemos doblado y metido en sus cajas con el mensaje "Dona tu ovillo", contribuyendo a esa red de solidaridad que las IAIAS tejen. 

      Estas mantas llegarán a Siria, a campos de personas desplazadas porque la guerra las ha expulsado de sus hogares. Y las abrigarán. Es una lana especial. De las IAIAS. 

viernes, 2 de febrero de 2018

Enviamos cajas llenas de esperanza. III Recogida solidaria para campamentos de desplazados en Siria

     

      El pasado siete de enero leíamos en Facebook que la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio (AAPS) hacía un llamamiento que nos devolvió a la realidad tras las fiestas:
     
      “EMERGENCIA HUMANITARIA EN SIRIA
      Rif Hama y RIf Idlib sufren estos días intensos ataques por tierra y aire que están provocando la huida de miles de civiles. Las ONGS sirias esperan el desplazamiento de más de 250.000 personas de las zonas bombardeadas. Nuestra contraparte, Sham el Jair, ha recibido -solo en los últimos cuatro días- 63.000 desplazados, cifra que va en aumento según pasan las horas y por eso nos piden ayuda urgente.”

      Ante esta situación angustiosa, en la primera reunión del año de nuestro Grupo Escolar tomamos la decisión por tercera vez  de convocar una recogida solidaria para las personas desplazadas en el interior de Siria, para que AAPS les haga llegar lo que podamos reunir.
      Las fechas de la recogida serán entre el 5 y el 9 de febrero, de 9 a 21 h., en el IES Juan de Herrera (Carretera de Guadarrama s/nº de San Lorenzo de El Escorial (Tfno.: 918902470).
      En el cartel que hemos diseñado para esta nueva campaña, veréis que anunciamos que hacen falta mantas, almohadas, productos de higiene, alimentos infantiles y otros alimentos no perecederos que no contengan cerdo ni vayan en frascos de cristal (hace mucha falta harina).
      No recogemos ropa, por instrucciones de la AAPS. 
    Si algún Centro educativo, entidad  o asociación decide sumarse a nuestra iniciativa, agradeceremos que se traigan los productos clasificados por tipo, en cajas (de las que tiran en los supermercados, por ejemplo) e identificando cuál es la identidad que los entrega.
      

      Por otro lado, están abiertas las inscripciones para la carrera por Siria en Madrid, que llega a su tercera edición. Será el 18 de febrero y, como en años anteriores, hay  recorrido de cinco o de diez kms., y dorsales "cero" para quienes no quieran o no puedan correr. Pueden inscribirse menores con permiso de sus responsables familiares, y también necesitan gente voluntaria.
      Si podéis difundirlo, seguramente mucha gente se animará a colaborar. 


     Con ocasión de esta nueva campaña, por fin editamos uno de los microrrelatos que se crearon en el taller del Festival del 4 de noviembre "Por un hogar para los niños de la guerra en Siria". Su autor es Guillermo, un alumno de 3º de ESO, que ha sabido reflejar la situación de caos del protagonista, y empatiza con el horror que puede sentir Mikael, quizá de su edad, uno de los muchos menores que ve trastornada su existencia por la guerra: 

ME PREGUNTO CUÁL SERÁ EL FINAL DE ESTE CAPÍTULO DE DOLOR, SUFRIMIENTO Y DOLOR... 
POR GUILLERMO GUTIÉRREZ
      "Me llamo Mikael. Al menos ese es el nombre que mis padres, a los cuales hace meses que no veo, me pusieron. 
      Hace escasamente cuatro meses mi vida cambiaría drásticamente de rumbo. 
      Era una seca noche de verano, el sol hacía tiempo que se había escondido tras los altos edificios de la ciudad, el polvo seco inundaba el ambiente, y secaba mi garganta. 
      Volvía a casa por la calle principal, que se encontraba extrañamente vacía, aceleré el paso con los nervios a flor de piel. Algo me decía que nada estaba bien. Tanto silencio, tan pocas luces...
    De repente un fogonazo, seguido de un ruido atronador. Caí impulsado por una fuerza descomunal que rompía los cristales de los coches y las casas, haciendo saltar alarmas por todos lados. 
      Conseguí incorporarme y, al girarme, el corazón se me encogió. Todo un edificio había sucumbido bajo una explosión y varios de los alrededores ardían desenfrenados. El terror que sentí en ese momento, paralizó todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo. Tardé unos segundos en reaccionar, lo justo para apartarme de la trayectoria de una roca que cayó a escasos centímetros de mí.       
      Corrí tan rápido como pude a mi casa, pero al llegar allí, descubrí con horror que mis terrores más profundos se habían hecho realidad. Donde antes se alzaba un alto edificio lleno de balcones y luces, ahora ya solo quedaban escombros. Con la incertidumbre acerca de si mis padres habían sobrevivido o no, caminé por la ciudad sin rumbo fijo ni destino claro.  
      A las pocas horas pude incorporarme a un grupo de personas que viajaban hacia Europa. Ahora ellos son mi amigos, mis compañeros de penurias, incertidumbres y alegrías. Así comenzó mi historia, y ahora, día tras día, me pregunto cuál será el final de este capítulo de dolor, sufrimiento y temor hacia el mundo al que nos acercamos cada día más."